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De las cosas más maravillosas que nos ha traído la comunidad Hablango ha sido poder compartir con personas extraordinarias y entendernos unos a otros con base a un mismo miedo: hablar en público. En días pasados, una de nuestras integrantes de la Tercera temporada Hablango 30 Días, compartió con nosotros unas palabras que definitivamente tocaron fibras, movieron emociones y nos hicieron comprender que hablar en público no puede ser tan peligroso como manejar moto en Medellín.

Te invitamos a leer y a reflexionar, ¿de qué te estás protegiendo cuando guardas tu voz y tu opinión?

Miércoles, 19 de junio de 2019, a las 11:37 p. m.

Hoy me di cuenta de algo interesante. Manejar en esta ciudad es un asunto muy estresante, hasta peligroso. Manejar un vehículo cualquiera genera estrés y si se trata de ir en moto ¡ni se diga! Por la gran cantidad de autos bicicletas y motos qué hay circulando en las calles de Medellín.

Hoy puede  darme cuenta de que soy una mujer muy valiente, muy ágil y atrevida. Me preguntaba por qué me da miedo hablar en público y no me da miedo manejar una moto con estos trancones, con los conductores que se encuentra uno que le tiran el carro, con los compañeros motociclistas que acosan atrás y que adelantan por la derecha; ¿por qué no me da miedo eso y si me da pánico pararme frente a un público? ¿Exponer mis ideas, mis temas, hablar frente a otros es tan peligroso?  Meterse en las vías congestionadas esquivando huecos, buseros, taxistas apresurados, eso sí que es miedoso. 

Al llegar a mi casa acalorada y sintiéndome a salvo llegué a la conclusión de que estar parado frente a un escenario lleno de personas escuchándote no es más  que una grandiosa  oportunidad para que te conozcan,  para contar tus cosas, para dar ánimo, para apoyar, para enseñar, para brillar, para ser inspiración, para transmitir ideas, conocimientos y experiencias. Entonces, ¿por qué genera tanto miedo hacerlo?

Pareciera que el público es un gran monstruo que nos va a devorar, pareciera que nuestra imagen se va a ir al piso si nos equivocamos, si se nos olvida el parlamento que teníamos preparado, si  se nos olvida lo que íbamos a decir. Increíble,  sorprendente pero cierto.  Nuestra vida está más expuesta en la calle manejando un carro o una moto que parados frente a un escenario, sin embargo, estamos cagados del miedo. Claro, ¡para eso existe Hablango!, para que juntos nos empoderemos y saquemos lo mejor que cada uno tiene para dar.

Gracias, Daniel Moncada. Gracias, Ruby Elena por haber tomado la decisión de estar en este entrenamiento. Gracias, compañeros,  porque saber que hay mucha gente con  los mismos temores que tú tienes  y ese deseo de superarlos es maravilloso.

Reflexión hecha por: Ruby Elena Restrepo


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